viernes, 10 de agosto de 2007

Los zapatos hablan

Lo dice el saber popular: el zapato habla de la personalidad.
Los hombres muy sensuales suelen usar zapatos más bien en punta, y generalmente de gamuza. Los varones sólidos, materialistas, eligen la suela de goma y la horma ancha. Las mujeres sexies lucen tacos altos. Las prácticas, chatitas o zapatillas, ejemplifica Saulquin.
Y basta con recurrir al propio ropero o al de los seres cercanos para comprobarlo.
Carmelo Tenuta, al frente de las zapaterías Lonté desde hace casi 30 años, también hace su aporte:
“El zapato es un accesorio importantísimo porque es la terminación de lo que se lleva puesto. Pero además es un objeto estético en sí mismo. Tiene forma, volumen, color y textura. Emana una vibración que atrapa a la persona que lo está mirando”.

Dice el hombre que durante 16 años vistió los pies de la diva Susana Giménez y cuyos diseños lograron impresionar a Liza Minnelli. Confirmando que es una gran entendida en el tema, Segura reflexiona:
Puedo usar zapatos de diferentes colores, formas o estilos. Lo importante es la actitud frente a ellos. Saber llevarlos, caminarlos bien”.

Y hay más. Entre hombres y mujeres, también difiere la conducta a la hora de elegir calzado.
La mujer mira, se prueba, busca cosas nuevas. En cambio el hombre es más rutinario, repite el modelo. De hecho, la mayoría de las veces ni siquiera miran las novedades. Llegan al mostrador con el código del zapato que usan habitualmente y lo llevan sin probar. Hay un modelo que nosotros llamamos el abotinado picado negro, para traje, que es un clásico, nunca pudimos cambiarlo. Históricamente es el que más se vende”, cuenta Teresa Hara, gerente de la división minoristas de Grimoldi, una firma que nació a fines del 1800 en el taller del inmigrante italiano Tomás Grimoldi y que luego se convertiría en la cadena de zapatos más conocida de la mano de sus hijos Alberto, Enrique y Luis.